Se cumplen 30 años de uno de los escándalos más resonantes de la historia argentina: el caso Coppola. El 9 de octubre de 1996, la policía allanó el departamento de Guillermo Coppola, entonces representante de Diego Maradona, y encontró dentro de un jarrón un paquete con 406 gramos de un polvo blanco que enseguida se dijo que era cocaína. Ese jarrón se volvería famoso; años después, el propio Coppola diría que se había convertido en “una atracción turística”.

El caso lo tuvo todo: drogas, chicas mediáticas, Maradona, escuchas telefónicas, cámaras ocultas, policías corruptos, jueces desbocados, operaciones de prensa y abogados televisivos. Y dio origen a un nuevo género en la pantalla: el talk show escandaloso, con figuras como Natalia Denegri y Samanta Farjat convertidas en protagonistas.
Coppola no estaba en su casa durante el allanamiento. Sabiendo lo que se venía, se había refugiado en la casa de su madre y había dejado las llaves al encargado para que no rompieran la puerta. Al día siguiente se entregó, pero no de cualquier manera: lo hizo en vivo por televisión, arriba de un auto junto al periodista Néstor Ibarra, hasta que un patrullero los interceptó en la avenida Libertador.
Todo había empezado antes, en el juzgado federal de Dolores. El juez Hernán Bernasconi buscaba notoriedad con causas resonantes y contaba con un supuesto grupo de élite de tres policías: Gustavo Diamante, Antonio Gerace y Carlos Gómez. Ya había detenido al dueño del boliche Ku de Pinamar y al campeón del mundo Alberto Tarantini, y apuntó a Maradona y a su representante en un momento de desborde del astro. A principios de octubre detuvo a Tarantini, a Yayo Cozza, a Samanta Farjat, a Natalia Denegri y a la “Morsa” Espósito, cuñado de Diego, acusados de integrar una red narco que, según la causa, encabezaba Coppola.
Coppola siempre juró que el paquete no era suyo. Con el tiempo se demostró que tenía razón: la droga había sido plantada. La causa se convirtió en un escándalo judicial que terminó con Bernasconi destituido y con los policías involucrados condenados. Tres décadas después, el caso sigue siendo recordado como un símbolo de la corrupción judicial y policial y del cruce entre la Justicia, la farándula y la televisión.
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